Un espacio no “es” sin elementos, sin objetos, sin personas. El espacio interpersonal permite que la palabra del otro aparezca, que su presencia cobre sentido para un otro, que un YO y un TU se encuentren y se diferencien. Y la idea de un Espacio para Pensar, es valorar y experimentar ese lugar que nos distingue y que nos conecta, donde se enriquece la relación, donde un YO y un TU son capaces de transitar un tiempo compartiendo y co-creando realidades. Te invito a participar de él.
Amores que matan
El equipo biológico
Yo soy yo.
Un nuevo fin y un nuevo comienzo
Es un momento natural para el balance, para la reflexión, para la corrección y la renovación de metas. Deseo que podamos atravesar este tiempo siendo más benévolos con nosotros mismos, dejando de lado la exigencia que se transforma en falta de respeto, dando lugar al juego y al humor sanador, siendo auténticos con nosotros mismos y sobre todo, siendo libres: entendiendo por libertad la capacidad de elegir cómo responder frente a las diferentes preguntas que nos hace la vida. Preguntas que a veces tienen forma de diferencias con el otro, tienen forma de situaciones inesperadas, forma de ideas rígidas (tanto mías como del otro), forma de sucesos disruptivos y dolorosos (como la enfermedad o la muerte), forma de “deseos” irrefrenables, etc. Frente a todo esto, a menos que se trate de un fenómeno de la naturaleza o un accidente que no depende de nosotros, tenemos en nosotros mismos la maravillosa capacidad de ELEGIR qué hacer con esto que nos está pasando…
Entonces, a pensar y a entrenar, como siempre!!!
La comodidad que incomoda
A qué me refiero cuando hablo de “comodidad”? Advierto de antemano, que no me estoy refiriendo a un buen sillón o al andar de un auto de alta gama o a…
Hablo de una comodidad que adormece, que anestesia, que narcotiza…
Comodidad en el sentido de pensar que, en una relación conflictiva, es el otro el que tiene que cambiar.
Comodidad en el sentido de fingir “ser” para ese otro lo que “creemos” que ese otro quiere que seamos.
Comodidad en el sentido de entender que el problema lo tiene el otro y no yo.
Comodidad en el sentido de esperar que un otro me diga lo que debo ser y hacer (una pareja, Dios, un amigo, el terapeuta).
Comodidad en el sentido de asumir una actitud de queja constante: me lamento por lo que me pasa… hasta es real la angustia que siento por esa situación!
Comodidad en el sentido de delegar en ese otro, seguramente significativo para mí, las decisiones o acciones a tomar.
Por qué será tan atractivo y tan común ese lugar de comodidad? Para qué nos sirve? En qué nos beneficia? Qué implicaría salir de esa comodidad?
Entiendo que ese lugar de “comodidad” me exime de hacerme cargo de mi propia vida. Me salva de trabajar para entender y darme cuenta en qué estoy colaborando YO con esto que me pasa. Me permite depositar la “culpa” en ese otro si es que las cosas (que en definitiva decidió el otro y no yo) salieron mal.
Y acá es cuando incomoda…
Porque esa comodidad me lleva a autocompadecerme, a seguir autoagrediéndome con sentimientos de baja estima y descalificación. Incomoda cuando experimento que por más que deje que ese otro gerencie mi vida o delegue en él la responsabilidad de un cambio, nada cambia…
Creo que salir de esa comodidad implica ser responsable de mi propia vida, significa hacerme cargo de las consecuencias que tienen mis decisiones y acciones, tiene que ver con el asumir riesgos, (porque muchas veces las cosas no salen tan bien como las esperábamos)… en definitiva, salir de esa comodidad significa escribir el guión de mi propia vida aprendiendo a ser y hacer en la medida que voy viviendo, atravesando los momentos de incertidumbre y asumiendo que las fallas o los equívocos son parte del mismo proceso de la vida.
El desafío está, entonces, en ser protagonistas en la historia de nuestra vida y no meros espectadores de la misma.
Lo real y lo imaginario
Me voy a referir a lo imaginario en relación a cómo armamos nuestras ideas o pensamientos respecto de un tema generalmente desafiante, incómodo y difícil de abordar, no a lo imaginación en tanto ilusión o fantasía.
Digo: la realidad nunca es tan terrible como aquello que nos imaginamos.
Muchas veces nos encontramos inmersos en procesos de pensamiento negativos, pesimitas, nefastos, frente a situaciones de la vida, a conflictos o problemas a resolver, decisiones que asumir, charlas que retomar, etc. Y es ahí donde nos zambullimos en una serie de ideas, que se encadenan unas con otras, con un “único” final, siempre terrible, malo, devastador, terminante… fatal.
En el mundo de lo imaginario todo es posible. Es un mundo rico en imágenes, pero con leyes diferentes a las de la realidad: hay cosas que allí pueden pasar que en la realidad no, como en los sueños. Con una salvedad: el final siempre es único, inexpugnable, infranqueable y, obvio, malo para mí. Ideas como: “ya sé lo que me va a contestar, me va a ir mal, no voy a poder, no voy a saber qué hacer o cómo hacer, se va a enojar si le digo tal cosa, me voy a avergonzar, me va a dejar” y todo lo que Uds. le quieran agregar, siempre son los finales de esta novela imaginaria que nos hacemos y que nos dejan en un muy mal lugar: incapacitados, inhibidos, cerrados, asustados, paralizados, sin atravesar aquello que “creemos/imaginamos” como tan terrible.
En el mundo de la realidad, las opciones son claras, variadas, a veces crudas, pero sin vueltas… por qué? Porque yo no sé lo que va a pasar… en el mundo real, no puedo anticiparme (imaginarme) cuál va a ser la respuesta o reacción del otro, porque en el mundo real la respuesta o reacción del otro es un misterio para mí. En lo real se encuentra el otro, este otro que también va a hacer algo en esta interacción y va a poder elegir/decidir cómo y qué responderme. Muchas veces nos encerramos preguntándonos y contestándonos a nosotros mismos (y armamos estas novelas de “terror”) y dejamos al otro afuera: no permitimos que algo diferente acontezca.
Y lo que sucede, es que cuando nos animamos a pisar los espacios “reales” con los otros o atravesamos situaciones complejas, los resultados nunca son tan terribles como pensábamos y, en el mejor de los casos, muchísimo mejor, posibilitando un crecimiento personal y del vínculo.
Reconozco que a veces las cosas salen “mal”, sería muy necio de mi parte no hacerlo, pero en la realidad, que las cosas salgan “mal”(que la respuesta sea diferente a lo que yo espero) es sólo una posibilidad, una de muchas alternativas que están dispuestas a ser descubiertas y transitadas; en el mundo imaginario, hay sólo una y siempre es la misma, es la que tememos, que dejamos que nos paralice y que solo acontece dentro de nuestro pensamiento.
Finalmente, nos podemos dar cuenta que, “solo se trata de ideas”… que les podemos quitar a estas ideas ese “poder” que las hace irrefutables, y tomar ese poder en nuestras manos y hacernos cargo a través de acciones en la realidad: preguntando en vez de suponiendo o dando por sentado, siendo protagonista en vez de espectador, esperando libre que llegue “ese” momento y no preocupándome, permitiéndome experimentar/aprender nuevas situaciones y emociones en vez de quedarme con ideas negativas y paralizantes (aunque esto me brinde la "seguridad" de lo conocido), etc.